¿Qué sucede cuando se tiene cerebro por todo el cuerpo?
Los pulpos son los 'Houdinis' del océano: su capacidad para cambiar de forma, textura y color hace que la distinción entre cerebro y cuerpo sea borrosa. Y su inteligencia se distribuye por toda su anatomía.
Tienen un cerebro en cada tentáculo.
Los cefalópodos –pulpos, sepias y calamares–
son los Houdinis del océano, con un cerebro digno de un astuto villano de
película. Tienen sistemas nerviosos complejos y
cerebros grandes. Un pulpo común tiene alrededor de 500 millones de neuronas.
Los seres humanos, en comparación, tenemos cerca de 100.000 millones. El pulpo
se encuentra en el mismo rango que varios mamíferos, cerca del de los perros. Y
son un caso aparte en cuanto a comportamiento sofisticado en los invertebrados.
La siesta en dos fases del pulpo abre la puerta a
que tengan ensoñaciones, pasan por una etapa
activa cuando duermen similar a la REM en los
humanos. Son especialistas en fugas, se
escapan y asaltan en busca de comida, al estilo
de 'Buscando a Dory', pero con menos Disney y
más caos nocturno.
Y luego está el incidente de
las luces. En la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, un pulpo descubrió que
podía apagar las luces del tanque lanzando chorros de agua a las bombillas, con
lo que causaba cortocircuitos. Los científicos se vieron obligados a liberarlo
porque las facturas de las sucesivas reparaciones del sistema eléctrico subían
sin parar. Fue imposible convencer a los gestores del centro de investigación
de que los culpables de las averías reiteradas eran unos pulpos pandilleros
aburridos.
Pero no solo son inteligentes,
además, tienen personalidades. En el mismo laboratorio de Nueva Zelanda, un
pulpo tomó manía a un miembro del personal. Cada vez que esa persona pasaba,
recibía un chorro de agua en la nuca. Y una sepia lanzaba chorros de agua a
todos los nuevos visitantes del laboratorio, pero no a las personas que estaban
presentes con frecuencia.
Todo apunta a que pueden
distinguir entre personas, incluso cuando visten uniformes idénticos. En un
experimento en el acuario de Seattle, probaron qué hacían ocho pulpos cuando,
durante dos semanas, eran atendidos por un cuidador «agradable» –que los
alimentaba regularmente– y un cuidador «malo» –que los tocaba con un palo con pinchos–.
Después de dos semanas, todos los pulpos se comportaban de manera diferente con
los dos cuidadores.
Cuando los científicos trabajamos con peces, no parece que estos
tengan idea de que están en un tanque de agua. Con los pulpos es totalmente
diferente: saben que están dentro de este lugar especial y el humano está fuera
de él. Y ellos quieren salir.
La mayoría de sus neuronas se encuentran en los brazos, permitiéndoles una autonomía impresionante. ¡Sí, sus brazos pueden pensar por sí mismos! Un brazo amputado brazo amputado puede seguir explorando y agarrando cosas. Y cuando un pulpo en libertad te examina, envía un brazo para inspeccionarte, sugiriendo una acción deliberada guiada por el cerebro.
Nuestra inteligencia surge de
la interacción del cuerpo con el mundo. Pero el cuerpo de un pulpo desafía esta
noción. Su capacidad para cambiar de forma, textura y color hace que la
distinción entre cerebro y cuerpo sea borrosa. Lo mismo puede volverse un misil
elegante que esconderse en un frasco. Y su inteligencia se distribuye por toda
su anatomía.
Así que, la próxima vez que vea un pulpo, recuerde: está mirando a
un maestro del disfraz, un escapista, un bromista y, posiblemente, un soñador. Un verdadero genio escurridizo
del mar.






