. ¿Qué
iba a coger yo? ¿A qué venía a la
habitación?...
Estos olvidos son algo habitual en la vida
cotidiana, de hecho, obedecen al
funcionamiento normal del cerebro.
El ojo
humano realiza movimientos para
registrar el entorno unas cinco o seis veces
por
segundo, y con ello recopila cantidades
gigantescas de información de la
que solo se
conserva una parte y el resto se desecha. Si
hubiera que guardar en
la memoria
absolutamente todo lo que vemos, escuchamos
o leemos cada segundo,
el cerebro estaría
sobrecargado y eso deshabilitaría nuestro
entendimiento.
Vaciar la 'papelera de reciclaje'
de vez en cuando (como la del ordenador), se
convierte en un imperativo para la
supervivencia.
Todas las noches hay un proceso en el cerebro
por el que se van
desechando recuerdos del día
y prevalece otra información. La memoria es
selectiva. Olvidar es una función normal,
porque si lo recordáramos
todo sería un
grandísimo problema.
La
pérdida de memoria es, un proceso
necesario y frecuente.. No recordar
dónde se
ha dejado el móvil no es un problema de
memoria, sino que uno lo deja
cuando estaba
haciendo otra tarea y lo hace de modo
inconsciente. Las personas
atareadas son más
propensas a estos olvidos cotidianos. Cuantas
más cosas
pretendamos recordar y más
compleja sea la vida, más normal será que
olvidemos.
Otra de
las causas de estos despistes cotidianos
conecta con la ubicación espacial. La
memoria
se codifica en un lugar determinado. "Si estoy
en el salón y voy a la
cocina a por una
cucharilla, cuando cambio de estancia ya he
salido del lugar
donde se creó el recuerdo, por
lo que este se desvanece. Si no recuerdo que he
ido a por la cucharilla, la mejor técnica es
volver al salón".
Los recuerdos se crean por lugares, personas o
momentos. El
lóbulo temporal del cerebro es la
parte más importante en cuanto a la memoria
que se asocia a caras y nombres. "Es muy difícil
recordar nombres porque no
tienen nada que
ver con las caras. Un rostro no dice nada sobre
si se llama
María o Natalia. Si usáramos los
apodos de los indios americanos (Nube
Grande,
Fuego Viejo…) todo sería más fácil.
Por eso es más sencillo recordar
motes", agrega el
doctor Villarejo.
¿Cuándo
hemos de preocuparnos por estos
despistes del cerebro? El doctor Bilbao tiene
las claves. “Primero, cuando encontremos
dificultades con las palabras y no nos
demos
cuenta en el momento, ni al ser corregidos.
Segundo, cuando no seamos
capaces de
recordar qué hicimos el día anterior, ni
siquiera cuando alguien nos
lo menciona.
Y tercero, cuando las personas que nos rodean
muestran
preocupación por nuestros fallos de
memoria y, aun así, permanecemos
tranquilos.
Otro signo es haber perdido el olfato a la vez
que la memoria”.