En esta época estival en la que salimos más, compartimos con
amigos, conocemos gente ..., seguramente, más de uno se habrá enamorado. Y aunque
el enamoramiento no es ninguna enfermedad, cerebralmente y desde lejos lo puede
parecer.
Existen cinco cosas, más o menos insólitas, que el amor
parece hacer con la mente.
1. Crea adicción. De entre las áreas
cerebrales estimuladas por el amor, unas destacan sobremanera: las que conforman
el circuito de recompensa, entre ellas, el núcleo accumbens, una
pequeña zona situada unos centímetros detrás de los ojos, muy sensible a la
dopamina (neurotransmisor que aumenta enormemente con el enamoramiento) y al
que se conoce, popularmente, como el centro del placer. Es el que se
activa cuando recibimos un premio, cuando tenemos sed y bebemos agua o cuando
consumimos prácticamente cualquier tipo de droga, este circuito de recompensa
es también el circuito de la adicción, de ahí el carácter adictivo de
las primeras fases del amor.
2. Nos remite a la familia, queramos o no. La
oxitocina y la vasopresina son dos pequeñas hormonas cuya máxima producción
tiene lugar en momentos aparentemente lejanos al enamoramiento: en el parto y durante la lactancia (a medida que el bebé succiona del
pezón). Entre sus muchas funciones están la de fortalecer el vínculo entre la
madre y el hijo. Y de ello se aprovecha también el amor (romántico).
En el enamoramiento se aumenta la producción de oxitocina y vasopresina. Esto
tiene sentido desde un punto de vista evolutivo: se gasta un tiempo y una
energía en encontrar a una pareja idónea. Una vez conseguida, el lazo
debe reforzarse para tratar de garantizar que ambos cuidarán de la posible
descendencia. Así es al menos como la naturaleza tiende a “pensar”.
3. Nubla el juicio y la razón. Los
científicos suelen usar lo que se conoce como “resonancia magnética funcional”,
técnica que capta la mayor o menor llegada de oxígeno a cada área, un sinónimo
de la demanda que la actividad crea. Durante el enamoramiento, el circuito de
recompensa trabaja con especial fervor, la corteza prefrontal parece
“apagarse”. Esta última es el área del cerebro más propiamente humana, la
responsable fundamental de nuestra capacidad de razonar y emitir juicios elaborados.
Las consecuencias: el amor nubla, al menos sobre
la persona amada, la capacidad crítica. Eso explicaría la creencia de que “el
amor es ciego”, o incluso la sentencia de Ortega y Gasset, que lo definió como
“un estado de imbecilidad transitorio”…. Pero obedece a una razón: aumenta las
posibilidades de unión. O, resumido por Nietzsche, “siempre hay algo de locura
en el amor, pero siempre hay algo de razón en la locura.”
4. Produce estrés y da valor. El amor
produce una ola de estrés a lo largo del tiempo. En un principio el cerebro
manda señales para que se produzca más adrenalina y, ese grado de estrés,
permite superar el miedo inicial, lo que se conoce como neofobia. Con los meses
el mecanismo disminuye, dando lugar a una sensación de tranquilidad (el resto
de hormonas y circuitos implicados también se modulan con el tiempo).
Lo
curioso es que este fenómeno es uno de los
pocos
en los que los acontecimientos cerebrales entre amor romántico y maternal
no se solapan, porque en el cerebro de una madre,
también tiene lugar una activación del área de recompensa y una subida de
dopamina; igualmente, hay un aumento claro de oxitocina y vasopresina; e
incluso también se produce una inhibición de la corteza prefrontal (la madre
“suspende el juicio” cuando de su hijo se trata).
5. Te hace monógamo (o no). La ciencia no ha sido capaz de
determinar aún si por naturaleza somos monógamos, polígamos o monógamos
secuenciales, pero sí se saben algunas de las cosas que influyen en esta
realidad. Algunas variantes de los receptores de vasopresina, por ejemplo, se han asociado con
una mayor o menor promiscuidad.
En resumen, que
la razón no puede comprender a la pasión en toda su complejidad. Porque la
ciencia será capaz de decirnos muchas cosas sobre la química y los mecanismos
cerebrales implicados en el amor, pero no nos hará entender su magia, eso solo
se puede entender estando enamorado. Es posible que su esencia se entienda
mejor desde la poesía, la música o el arte, y la ciencia pueda contribuir a comprender
parte de su misterio.